THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

viernes, 4 de abril de 2014

Así fue, así tenía que ser


Fotografía de Óscar Chocano Almanza


A nuestro alrededor hay más cosas de las que podemos imaginar


William Shakespeare


Hacerlo mal, hacerlo bien, hacer por hacer o mejor deshacer, reza una canción de Miguel Bosé que me gusta especialmente. El Tao, no obstante, sabiduría milenaria china apunta el no hacer. Es difícil para un individuo perteneciente a una sociedad moderna como la nuestra no hacer y sin embargo a veces tan necesario. El no hacer provoca vacío y, en contra de lo que se piensa, el vacío es necesario, imprescindible, para volver a llenarse. En mi último montaje le dije a una de las actrices, mucho mejor, por ahí. Entonces ella, un poco a disgusto, contestó pues no tenía nada dentro; ¡eso es! ¡vaciarse! ¡eso es! Me hubiera gustado gritarle alegre. Espero que le llegue desde aquí, porque llenarse de vacío, aunque sea paradoja es la clave para una profesión como la de intérprete.
Ahora mismo, revise la libreta que revise, y llevo unas cuantas todavía en activo, todas tienen notas de Refugi a les Rocoses, incluida mi libreta interior. Notas que poco a poco se van borrando y que espero pronto dejen paso al vacío del que hablaba hace apenas unas líneas. Solo así conseguiré tener perspectiva de lo que no acerté a hacer bien, de lo que sí hice bien y de todo lo que puedo todavía hacer para que mis creaciones presentes y futuras crezcan de una forma más madura, mejor compartida, más transformadora.
Una de las cuestiones que creía tener resueltas cuando inicié toda la andadura de 'Refugi a les Rocoses' es por qué hago teatro. Ahora, recién acabada su primera exhibición en temporada teatral, quién sabe si la última, he regresado al origen: ¿por qué hago teatro? Durante el proceso no me hice ninguna pregunta de 'por qué' puesto que constaté que en los procesos siempre es necesario tanto en paralelo como 'a posteriori' detectar el 'cómo', sin embargo no puedo evitar lanzar una panorámica al horizonte como si de una botella con carta al futuro se tratara y preguntarme el perquè de tot plegat. Sé que mi camino pasaba por ahí, sin embargo no sé por qué por ahí y no por otro lugar en este tiempo. Y conste que sigo creyendo en la incertidumbre como uno de los grandes motores a saber vivir.
Mi amiga Eva Hibernia, maestra en algunos aspectos de mi vida y compañera y cómplice la mayor parte del tiempo de tantas aventuras, me advertía el otro día de la tristeza que sobrecoge cuando una obra finaliza su andadura en teatro. Y es curioso, porque cuando se acaba de escribir una obra lo que suele ocurrir es precisamente lo contrario: te desborda una gran oleada de alegría. O como mínimo un gran alivio.
Siempre mantuve la esperanza de que en las Rocoses se acabara manifestando algo oculto importante. Pero no lo vi; o no supe verlo. O sencillamente nada de eso estaba escrito y solo era una intuición ambiciosa de lo que se quiere lograr y nunca estuvo a nuestro alcance.
Tal vez se cierra una puerta y se está abriendo una nueva ventana.
Aun así las Rocoses son como esa muchacha que has amado tanto aunque nunca sabrás bien bien por qué; algo tuyo intransferible la amará siempre y una mañana, quién sabe dónde ni cuándo, una sombra, una frase, un leve roce o quizás un murmullo de agua traerá en forma todavía hoy indefinible la razón por la cual eso fue así y así tenía que ser.

O quizás nunca sepas nada porque así fue y así tenía que ser. 

lunes, 17 de marzo de 2014

La inexistencia posible, poética, sagrada, divina


La realidad es lo sagrado y solo lo sagrado la tiene y otorga
Maria Zambrano




El aprendizaje dura todas las vidas del alma. Todas las mañanas soleadas. Todas las noches de luz de luna. Todas las tardes ocres. De nuevo, todas las mañanas de niebla. De nuevo, todas las noches sin luna. Todas las tardes marrones. Y otra vez todas las mañanas oscuras. Y otra vez todas las noches de locura. Todas las tardes de ocaso, ruptura y resurrección. Siempre hasta que se acaba algo que ignoramos y hacia cuya meta nos inclinamos por inercia de destino. ¿Qué importa que no sepamos? Si el no saber es la maravillosa incertidumbre que nos alumbra el camino. No hay final. Tampoco principio. ¿Origen? Tal vez. Pero ¿cómo responder a las preguntas si siempre acabamos por formularlas desde lo poco que somos capaces de ver? Y solo vemos cuando creemos que podemos ver.
El ser humano encabezado por el hombre ha entablado una relación inacabable basada en lo científico terrenal. Esta relación de sumisión a favor de lo razonable, lo comprobable, lo demostrable ha ido en detrimento del sentido de lo sagrado, de aquello que nos trasciende manifestándose en lo real. ¿Puede el hombre o la mujer intervenir en lo sagrado? Sí. ¿Puede el hombre o la mujer crear lo divino? No. Por tanto el sentido de lo sagrado es el puente que une a los mortales con los dioses. Pues un dios puede ser inmortal pero un inmortal no necesariamente puede advenir un dios.
¿Nos soñamos viviendo? ¿Nos vivimos soñando? ¿Al final qué importancia tiene soñarse viviendo o vivirse soñando? Lo único que da valor a cualquier cosa que sucede es el sentido de lo REAL. Y el sentido de lo real es otra de las líneas que el ser humano ha cruzado en los últimos tiempos. Las apariencias se han superpuesto a lo que es y se están imponiendo la representación, el velo de lo aparente como lo real. Así lo real está dejando de ser lo que es para convertirse en lo que parece ser. De ahí la necesidad imprescindible de recuperar el territorio perdido en lo sagrado.
Puede que el mayor destino que albergue el ser humano sea desaparecer, finalmente. Descansar. Dejar de cansar y de cansarse. La grandeza final podría ser desaparecernos llevándonos con nosotros al Prometeo original. No dejar rastro de lo que fuimos. Borrar todos los pasos de nuestra memoria. La nada más absoluta. Una especie de nirvana que supere el limbo de lo inexistente. Parece sencillo, sin embargo, nunca sabremos si eso ya ha pasado, está pasando o pasará, pues el tiempo no solo es relativo sino que no existe, solo es el alambre sobre el que el ser humano intenta mantener intacta su sensatez, su cordura para no caer en el vacío. El vacío ese lugar que sin duda nos consolaría.
De ahí que preguntar sea tarea de héroes y hallar acto solo al alcance de seres temerarios; iluminados. ¿O es que un poeta no arriesga hasta el alma en sus viajes como explorador? ¿O es que un peregrino no atraviesa las puertas del templo abandonado con la fe de sus pies desnudos? ¿O es que no nace el ser humano alentando la llama de la sabiduría? ¿O es que la mujer se cansa acaso de sangrar alguna vez?

BSO, Girl on fire, de Alicia Keys

domingo, 2 de marzo de 2014

Vivire senza paúra



Por mucho que busquemos en libros, en manuscritos antiguos, en árboles de la ciencia, en microchips avanzados o en el mismísimo Santo Grial, la respuesta siempre está en la vida. Y a menudo reside en la propia pregunta. Y a menudo dentro de nosotr@s mism@s. Existe la creencia generalizada -aunque no se admita a viva voce porque el progreso, la ciencia y la tecnología han comido mucho territorio a la fe, cuyo fundamento se sustenta en el no saber a ciencia cierta pero creer desde esa cosa inabarcable, no demostrable que es el alma- de que todos traemos un destino a cumplir. Lo que no sabemos es cuál. Y si lo sabemos, lo ponemos en tela de juicio. Dudamos. Pero claro, no tiene por qué ser un destino grandilocuente, que es lo que la gente piensa. Puede ser simplemente un destino de cadena, un destino de testigo. Poca gente que crea en las reencarnaciones, por ejemplo, admite que tal vez fue un soldado azteca que murió en primera línea de combate sin pena ni gloria, todos quieren ser Moctezuma o la Malinche o Ramsés II; tod@s queremos permanecer en la memoria. Sin embargo, nada más noble que tener la voluntad del olvido. Como decía el gran Machado...Nunca persequí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción.
El otro día me tropecé con una película titulada El guerrero lumínico, protagonizada por el siempre interesante Nick Nolte. Habla del complejo aprendizaje que es la vida y cuan sencillo puede tornarse a poco que vivamos el aquí y el ahora, el presente más puro. Cómo, si nos desprendemos de toda esa basura mental que acumulamos a lo largo de las horas, de los días, de los meses, de los años, podemos llegar a tocar nuestra propia esencia. Primera lección de un guerrero consciente: no saber. Se le da tanta importancia al por qué, al logos, a la razón, que perdemos de vista lo maravilloso que es entregarse a la incertidumbre, al no saber: al descubrimiento. Y ahora me atrevo a enlazar, con salto vital incluido, con unas palabras que encontré en el prólogo de 'El libro tibetano de los muertos': El núcleo del descubrimiento de Buda fue la realidad esencial de la libertad, que, subyaciendo a la realidad de la existencia, está la inmediatez de la libertad total, sobre todo la libertad del sufrimiento, de la esclavitud, de la ignorancia. Sin embargo, no estoy segura de que las personas queramos vivir en verdadera libertad: es un vértigo al que ni estamos acostumbrados ni nos apetece surfear. Lo he visto. Lo he comprobado en cosas muy pequeñas.
Por eso en lo que sigo creyendo firmemente, a pesar del ser humano en el que a rachas todavía le profeso fe y esperanza y otras repudia y algunas indiferencia, es en algunos especímenes de nuestra comunidad global que hacen gestos, símbolos, que abren caminos hacia un futuro que tal vez otros se atreverán a traspasar y convertir en hechos, en evolución verdadera. Creo en la cadena de vida histórica. Del mismo modo que heredamos otras cadenas, también heredamos alicates para cortarlas; incluso actos realizados por otros y otras que nos impulsan a continuar su tarea, su misión, su destino y convertirlo así en el nuestro propio. Creo que si alguien abre una puerta, llegará alguien más que cruce el umbral. Y creo que luego vendrá alguien que cruzará ese umbral y regresará para contarnos lo que ha visto, lo que ha vivido.
No seré yo, claro, pero tal vez serás tú. Qui lo sa. Vivere senza paúra.


viernes, 27 de diciembre de 2013

BARCELONA, CIUTAT DE TEATRES, de Xavier Muniesa i Carme Tierz y 44 MUNDOS A DESHORAS, antología de relatos, ilustraciones, poemas


Siempre que una editorial saca al mercado un libro, ya sea en papel o electrónico, me pregunto la necesidad de seguir rellenando el posible cementerio al que, pasado un tiempo, van a parar los ejemplares que no se vendieron. Cuando hace muchos años empezaba a escribir en serio y husmeaba las estanterías y los expositores de las librerías, me imaginaba un libro -solía ser el gris de Anagrama- con un título y mi nombre y apellidos -los dos, gráficamente encajan mejor- al lado del resto. Pero a continuación me planteaba: ¿Para qué? ¿Acaso es imprescindible? ¿Será mi novela una de las que salva la memoria de los hombres y mujeres del futuro en Fahrenheit 451? Hablando un día con Lázaro Covadlo, el curioso escritor argentino afincado desde hace años en Barcelona, consiguió que lo viera de otro modo. Lo peor es que no puedo contar cómo me convenció, he olvidado el argumento que utilizó, pero la conversación me hizo cambiar de visión: ¿por qué no?
Aun así, por inercia natural, cada vez que un libro se publica, sigo preguntándome: ¿Hace falta? Pues bien, puedo decir clara y llanamente que Barcelona, ciutat de teatres, de Xavier Muniesa y Carme Tierz, no solo hace falta sino que es imprescindible. Gracias a su recorrido por los entramados de inauguraciones, auge, decadencia y cierre de multitud de teatros, contemplamos cómo la cara de la ciudad se va transformando, y cómo la política, el arte y la sociedad oscilan de un lugar a otro. Conociendo como conozco a sus autores, sobre todo a Carme Tierz, con quien he tenido el placer de trabajar, Barcelona, ciutat de teatres es un libro preciso, escrito desde la pasión; un libro que pone de manifiesto una profesionalidad y un rigor que a menudo se echan en falta. Pero no solo eso. Quizás, para mí, lo más importante de estos dos periodistas-escritores es su amor por el teatro en todos sus planos, en todas sus facetas, que ahora se ven ampliadas desde el lugar mismo en el que se produce la entrega del artista al público. Y eso se nota.
La presentación en la Sala Gran de La Seca el lunes 16 de diciembre contó con el prólogo de Ramón Simó, director actual del Festival GREC. Ramon Simó destacó la vitalidad con la que está elaborado el libro y cómo podemos encontrar la historia del teatro de esta ciudad en sus páginas. Realizó una panorámica histórico-social-artística que nos recordó aspectos que en ocasiones solemos pasar por alto. Épocas luminosas y épocas oscuras que coinciden con aperturas y cierres de teatros en la ciudad. Un teatro es además de un edificio arquitectónicamente más o menos atractivo, cultura viva que se manifiesta como una puerta abierta al intercambio político o intelectual o social así como un punto de encuentro donde la comunicación fluye en su sentido más humano. Y si el acto teatral precisa de un edificio donde se sucedan estos intercambios, el propio acto teatral, apuntó también de manera sencilla, sigue siendo un hecho activo en el que damos y recibimos.
Carme Tierz y Xavier Muniesa recogieron el testigo dejado por la hermosa introducción de Simó y se lanzaron a explicar, no solo el proceso de escritura, sino también jugosas anécdotas que vale la pena que las vayáis a buscar directamente a las páginas de este libro imprescindible que era necesario que alguien se atreviera a materializar.


El otro libro que da título a este post es 44 mundos adeshoras, una antología de relatos, ilustraciones y poemas que reúne a 44 escritores y escritoras y que contiene en el título el nombre de su editorial, Adeshoras, ya que es el leit motiv que vertebra, de forma central o colateral, los escritos y las ilustraciones que aparecen publicados. Lo bonito de este libro, aparte de compartir cartel con escritor@s/creador@s a l@s que admiro y quiero, como Eva Hibernia, Abilio Estévez o Teresa Urroz, no solo radica en su cuidada edición y su preciosa portada, sino en que todos los artistas que participamos cedemos los derechos de autor a Médicos sin fronteras y Pallasos sin fronteras. Un pequeño, minúsculo acto, si se quiere, dentro de este mundo plagado de injusticias y desigualdades. Y aunque siempre haya creído que uno se da lo mismo tanto en un post gratuito de un blog como en una actuación en la que se cobra un alto caché, pues hay respuestas tales como una sonrisa, una carcajada, una lágrima o una réplica de amor que generan una ilusión, una esperanza, una catarsis reparadora en el público, sea del continente que sea, también es cierto que iniciativas solidarias con voluntad de regalar cultura son necesarias en el mundo en el que vivimos.

¡Felices fiestas para tod@s!

viernes, 6 de diciembre de 2013

Días de invierno en la villa de Madrid




Uno vuelve siempre
a los viejos sitios 

donde amo la vida

Mercedes Sosa

Regresar a Madrid es volver a contactar con toda la emoción del A SOLAS, THE MAGDALENA PROJECT. Sin embargo, el presente, por fortuna, siempre vence. Y el presente es Madrid en invierno, con el despertar del sol maullando por las ventanas y los ladrillos rojos entre las calles que anuncian reminiscencias de otros tiempos, de otra historia, de otra villa.
Silencio, reposo, idas y venidas, luces de Navidad, escritos interrumpidos, llamadas de teléfono, conversaciones en la distancia, risas y tragos que digerir. Tiempo de regurgitar sin pausa trufado de pequeños encuentros del pasado que siguen vigentes en el aquí y el ahora que nos vive.
Salir a la noche de Madrid es imbuirse de tránsito vital imparable. Contemplar el flujo de sus calles es un espectáculo en sí mismo. Perderse, una aventura a perseguir, muy recomendable. Y en la desorientación se halla el camino para llegar a tiempo.
Alcanzo in time un local llamado 'Al Laboratorio' donde canta mi amiga Mónica Dorta acompañada por el pianista André Jah Jah, duetto IERÊ JAZZ. Mónica y su pianista brasileño se entregan de tal modo que nos transportan fuera de esa cueva subterránea en la que tod@s nos dejamos enamorar por un repertorio que se abre con 'People', recorre algunos de los grandes temas de Sondheim, apuesta por alguna composición propia en bello portugués, nos arrebata con un intenso 'Perfect day' del gran Lou Reed y nos encumbra definitivamente con una versión magistral del 'Light my fire' de Jim Morrison. Pero lo maravilloso de este encuentro en la intimidad de la cueva negra con motivos blancos, gobernada por una bola de espejitos enorme, propia de una discoteca setentera, sucede cuando Mónica confiesa su carencia loureedniana y añade:

- ¿Sabéis que Lou Reed después de todo tuvo una muerte hermosa? La muerte le llegó mientras realizaba la posición 21 de taichi.

Alguien entre el público contesta.

- Eso es mentira... Leyenda...

- ¡Que no, que lo ha dicho Laurie Anderson, su mujer, que yo lo he leído y estoy informada! – replica con simpatía Mónica.

- ¡Lou Reed no existe! - bromea la misma voz de chica entre el público, delante a mi derecha.

Justo es en ese momento que veo, comprendo en qué consiste el AMOR verdadero. No, ni siquiera es una visión, más bien una asunción, una certeza serena. Algo que uno ya sabe pero que no emerge hasta que algo, cualquier detalle, cualquier palabra, un gesto perdido, destapa el tarro donde está guardada esa consciencia. El verdadero AMOR es un vínculo inquebratable entre dos que se eligen libremente y deciden hacer un camino común hasta el final. Sin miedo. Dos que se atreven hasta con la muerte desde la tranquilidad de saberse acompañados siempre.
Al llegar a casa, me entero de otra muerte: Nelson Mandela. Sin duda un hombre bueno. Alguien que supo perdonar, generosidad que no está al alcance de cualquiera. En ocasiones, solo aquellos o aquellas que traspasan el odio y la violencia son capaces de asumir y sostener la verdadera pureza de lo que el PERDÓN es cuando se manifiesta en todas sus dimensiones. El mundo -al menos el mundo de los mass-media- está conmocionado por la noticia. Alguien dice desde Tokio que personas como Nelson Mandela tendrían que estar exentos del peaje de la muerte, cosa que no me puede parecer más horrible: ¡Pobre hombre! ¡Después del trabajo, el amor y el esfuerzo que ha dedicado, solo faltaba que no pudiera descansar!
Sin embargo, no puedo evitar pensar que el mundo habrá escalado un peldaño más en su proceso hacia el equilibrio cuando una mujer se muera y el mundo sea capaz de llorarla y loarla como estos días se llorará y se loará al sabio Nelson Mandela. Grandes pequeños actos de miles, cientos de miles, millones de mujeres anónimas en todos los rincones del mundo en conflicto consiguen milagros diarios de conciliación y perdón. Para ellas y para Mandela, un hombre que sabía amar al ser humano, mi post de hoy.
Pero ya sabéis, no me hagáis mucho caso, haceos caso a vosotr@s mism@s o a aquell@s que consideréis con la autoridad moral fiable como para escucharl@s.
Y, por si acaso, desde Madrid, con cariño: ¡Felices fiestas!

sábado, 12 de octubre de 2013

Malala, mi premio Nobel de la Paz



Mucha locura es juicio divino -
para el ojo más sagaz -
mucho juicio – la más estricta locura -
para la mayoría
en esto, y en todo, prevalece -
asiente – y eres normal -
disiente – y eres directamente peligroso -
y manejado con cadenas -
Emily Dickinson

Pequeños gestos, grandes cambios
Ana Pastor

Cada mañana al levantarme miro el mundo para ver si ha cambiado mucho con respecto al día anterior. Intento observarlo -sobre todo escucharlo- para sentir que seguimos teniendo una oportunidad de transformación de verdad, en un sentido más justo. A veces lo hago a pesar de ciertos instantes de electrocutización y paralisis cerebral y emocional, en los que miro, veo, leo o me entero de actos cometidos por el ser humano -y no me refiero solo a sus grandes miserias sino más bien a las pequeñas, esas que nos hacen mezquinos y perversos y corrompen el alma tanto individual como colectiva- y me pregunto si estos mamarrach@s se merecen el sacrificio, la voluntad y la justicia que entregan algunos seres humanos buenos. Y me pregunto si ese esfuerzo titánico, que no solo responde a una esencia propia -reivindico por ejemplo la inocencia como actitud vital, más allá de una virtud natural- sino al compromiso y la constancia, tiene algún sentido, si realmente sirve para algo en medio de esta selva de intereses ruines -hay intereses dignos- y destrucciones varias. Si toda esa dedicación, que por mucho que algunos digan, intenten convencernos, no puede pagarse o comprarse con dinero porque no tiene precio y algunos seres humanos todavía no están en venta, esa entrega libre, desinteresada, puede ayudarnos a ese tránsito que siento y presiento tan necesario. 
Ese grupo de elegid@s -y no estoy segura de si para la gloria o el matadero público- que entregan lo único que tienen, ya sea vida o sabiduría o las dos cosas, tanto a pequeña como a gran escala -depende de su ámbito de influencia-, no lo hacen por el dios dinero, ni por el dios patria, ni por el dios poder, ni por el dios ambición desmesurada... lo hacen porque todavía creen que merecemos una penúltima oportunidad. Así la lucha por la supervivencia se mantiene y el desequilibrio constante no adviene en CAOS destructivo, porque en algún lugar, en algún rincón de esta tierra hay alguien -varios, un puñado de almas- que sigue dispuest@ a dar sin esperar nada a cambio, alguien dispuesto a dar lo único que tiene tan solo por pasar el testigo sin el descrédito y la vergüenza que supone mirar dentro del corazón y preguntarnos en la intimidad: ¿Y qué hice yo? ¿Lo intenté? ¿Di lo máximo que podía dar? Alguien cuya esperanza es superior al dolor de ver la deriva del mundo, alguien que sabe que vendrá otro él, otra ella y seguirá tirando miguitas en la penumbra para guiar a otros, a otras, cuya esperanza seguirá siendo más poderosa que el dolor que le cause la deriva del mundo, del ser humano y su codicia y su afán de autodestrucción. Puede que ést@s sean los seres más solitari@s del mundo y nosotr@s nunca alcancemos a darles el abrazo que se merecen. La soledad de su destino les obliga a la generosidad absoluta.
Por eso el post de hoy está dedicado a Malala, mi premio Nobel de la Paz. La niña Malala, en representación de todas las niñas y todos los niños que quieren aprender y cuya voz se escucha clara, firme, transparente como el agua que se vierte a través de todo su ser. Malala, una niña musulmana que desafía el integrismo de unos cuantos con la valentía de lo único que tiene y casi le arrebatan, su vida, su inteligencia, su palabra.
Gracias Malala.
Gracias a todas las Malalas del mundo cuyos nombres no conozco pero me asaltan en sueños y a veces casi puedo oír sus voces en la oscuridad adolorida de mi ser.




domingo, 6 de octubre de 2013

As you wish, my friend




Nada me ató. Me liberé de todo y me fui.
A placeres que, medio reales,
medio soñados, rondaban en mi alma,
me fui en la noche iluminada.
      C. P. Cavafis

La revolución llegó pero no era como esperaban, el exceso de espuma la desbravó. El progreso nos invade pero no nos proporciona la paz que necesitamos. La esperanza sigue impertérrita pero su jersey está siendo agujereado por las polillas del interés materialista. El amor nos seduce en los veinte segundos de un anuncio que jamás podremos obtener. El sexo fugaz apenas ya intenta disfrazar su objetivo veraz en la magia de la intimidad, y ni siquiera importa, al menos da calor en la oscuridad. Las ideologías hace rato que descansan en los panteones del pasado. Los llamados líderes de la humanidad son acribillados a balazos de saliva por lenguas viperinas que tampoco tienen alternativas, ni pócimas mágicas, ni lineas discontinuas que seguir. Mientras, el alma de cada uno enferma poco a poco y todas buscamos otros conocimientos que siempre estuvieron ahí pero que ahora son más necesarios que nunca. Nada debería estar reñido con nada pues todo forma parte de nuestro universo. Tanto lo que percibimos como lo que ignoramos pero sentimos o presentimos.
Siempre que el alma en virtud de una experiencia numinosa, es sometida a una brusca oscilación, existe el peligro de que los hilos, de los cuales cuelga, se rompan, apunta Jung en su libro de memorias. Y si existe un alma individual es de suponer que también exista un alma colectiva cuyos hilos no sé si están ya rotos pero corren el peligro de romperse, a menudo siento cómo oscilan ante tornados provocados. Los cuerpos desaparecen, los nombres los sepulta el tiempo, las hazañas de los héroes acaban convirtiéndose en una leyenda que pierde la fuerza de la verdad vivenciada, pero la esencia de lo que somos y de lo que podemos ser, solo el alma la alberga y es el alma quien se expresa a través del arte y a través de la religión, que me parecen hoy, las únicas carreteras interesantes para acogerse al camino de la supervivencia del ser humano con la dignidad que muchos y muchas se merecen; porque es cierto que algunos de nuestros congéneres no merecen ni nuestra piedad. Sí, todavía quedan en esta tierra hombres y mujeres bondadosas dispuestas al perdón, camino imprescindible para la regeneración de la verdad, es cierto que no podemos condenar al género humano por la codicia de unos pocos que sin duda, otros y otras en su posición, también caerían bajo su influjo, pero a veces resulta tan difícil mirar con esa hondura de fe que hay que arrodillarse ante la generosidad que demuestran unos y unas pocas después de tanto atropello y dolor colectivos.
En este post pretendía hablar de todo el proceso sobiranista que viven en estos momentos las gentes catalanas, tanto de nacimiento como de adopción. Pero se me va, como se puede apreciar, a otros lugares. ¿Tal vez porque me parece menor? Sí, un tema complejo que genera múltiples afectos y desafecciones, tanto dentro como fuera. Creo que he empezado hablando del alma porque prescindiendo de mi opinión personal, que por supuesto la tengo, lo que me apetece reivindicar desde este minúsculo espacio es la libertad de elección: no dejes que compren tu opinión con la excusa del dinero. Tanto si quieres separarte del resto como si quieres permanecer unido. El dinero solo es un elemento de control, en el momento en que ese elemento deja de ejercer presión sobre el individuo, los que dominan pierden el poder sobre la gente. El dinero es la representación material de las leyes no escritas con las que nos teledirigen en la sociedad actual y global en la que nos entretenemos y nos angustiamos y nos desbordamos y nos acomodamos y..., cuando solo debería ser un medio de intercambio. Sí, claro, entrando en pormenores, hay tanto que decir, matizar, repeler, expulsar y rechazar tanto de un lado como del otro, que mejor callar y, llegado el momento, actuar en consecuencia a nuestros principales valores, si es que no nos los robado por el camino o en nuestro despiste múltiple los dejamos olvidados en la cuneta.
A mí las cosas que me importan son el amor, la amistad, la muerte, la fe, la comida, la dignidad, el arte, los animales, la naturaleza, correr, sentir mi cuerpo, la tierra y la vida en sí misma. Me sobran las fronteras, según qué ideologías, las doctrinas inflexibles y todo ese detritus exterminador que ha generado el hombre y que a veces una ya piensa que forma parte del género, cuando solo pertenece a unos pocos.
Como artista mi compromiso no es diferente a mi compromiso como ser humano, empieza desde que me levanto y me relaciono con la primera persona con la que me encuentro hasta que me voy a dormir y me separo de esa última persona con la que he intentado comunicarme. A veces tengo la sensación de haber contribuido a algo concreto, minúsculo pero digno, a veces solo a algo difuso e intangible, pero en cualquier caso, cada día que empieza, lo vuelvo a intentar. Quines condicions ha de reunir un artista occidental? Precisament les inverses a les que necessita un polític: dinamisme, coratge, pragmatisme, patriotisme, sentit d'Estat, tolerància; a l'artista més aviat el que li cal és intel·ligència, imprudència, obssessió, apatridisme, desconfiança de l'Estat, intolerància, afirma Miquel Barceló en su Quadern d'Àfrica. Sin suscribirlo del todo, firmo gran parte de su afirmación. ¡Riesgo! ¡Incomodidad! ¡Inconformismo! ¡Humanismo! ¡Ruptura! ¡Espíritu de contradicción! ¡Movimiento!
Pero como siempre, no me hagáis demasiado caso, escuchaos a vosotr@s mism@s y actuad en consecuencia o en absoluta incongruencia, la coherencia acostumbra a ser enemiga de cierto tipo de evolución interesante, así que vivid al día, el presente, el aquí y el ahora y procurad sed felices, neutr@s o infelices, según lo deseéis. En fin, haced o no, en función de lo que consideréis oportuno, porque como dice una amiga mía, todo lo que sucede conviene y, añado, lo que no sucede, también.
Por cierto, ¿os habéis fijado qué hermoso viene este otoño? A que me vuelvo a enamorar...