jueves 19 de noviembre de 2009

La placenta en el post parto


El éxito consiste en que lo que se presenta sea acogido en el tono que el autor o autora pretende, si es que pretende algo. Como en la vida, el éxito es encontrar los y las interlocutoras perfectas. Aquellas con las que intercambiar opiniones o pensamientos o sensaciones sobre lo que sucede dentro o fuera de nosotras mismas y ser recibidas de esa manera acogedora, prácticamente refugio.
Nos han calentado tanto los cascos con el éxito que vale cualquier cosa para conseguirlo. Eso parece. O al menos esto es lo que queda después de horas y horas de televisión.
Últimamente he llegado a la conclusión de que el éxito consiste en ser feliz. En estar a gusto con lo que una hace. En seguir haciéndolo. En reírse y pasarlo bien. Y si se puede llegar a más personas para que esto se contagie, mucho mejor. Hay que repartir. Una solo tiene lo que puede dar, eso decía la maestra Martín Gaite que Dios la tenga en su gloria que yo la tengo en la mía.
Ahora sale la placenta con su desolación trasera. Deja un hueco grande detrás. Son muchos días de ensayos, de cafés, de risas, de silencio, de compartir el día a día. Y eso cuesta de remontar. Por si acaso la quiere, le voy a enviar la placenta a Tom Cruise, para que se la coma, que tiene no sé qué propiedades que a mí no me hacen falta.
Abro la puerta de la terraza y se cuela el gris del día. El otoño se ha aposentado en el cielo, en las plantas y en el pulso de mis dedos que temblorosos echan de menos lo que han tenido.
Menos mal que yo sé que en la carrera hacia una misma lo más importante es no perderse en los laberintos de la ficción, aunque a veces entren ganas.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Ser y no ser, esa es la cuestión


No voy a ponerme romántica. Ni loca. Voy a ser sensata. Caminar por la acera. Aunque eso no me impida ver el otro lado. Una carcajada espontánea que contagia la memoria de sonrisa. Los procesos de trabajo artísticos cuando son buenos dejan hueco de ausencia pero también restos de bienestar. Quedan ganas de volver. De repetir. De inventar nuevas cosas para seguir pergeñando ficciones que mostrar para que otros y otras puedan contemplarlos. El eco todavía resuena en mi paladar.
Sueño con comedias de mucha mucha risa. Reírse es recuperar el mundo. Una risa clara. Una risa inocente. Una risa donde cabe la vida. Una risa por donde pasa el amor. La divina tierra me toca con su barita mágica y dispongo del elixir con el que inundar el mundo de una risa enorme, gigante; un sunami de buen humor, un terremoto de felicidad, un maremoto que cuando ha pasado deja un bienestar igual al de la felicidad de existir porque sí.
Y todo sigue. Apenas nos paramos un rato para luego seguir hacia otro sitio. Nunca sabemos si damos vueltas en círculo o trazamos recorridos en línea recta. Pero ahí estamos. Hay amores que no pueden ser y así está bien que no sean. Las fantasías para la ficción, la realidad para el corazón.
Ser y no ser, esa es la cuestión

martes 17 de noviembre de 2009

La hora de la verdad


La hora de la verdad siempre impone respeto. Resulta que no es un juego. Que va en serio, como apuntaba el poeta. ¿Y por qué no jugar siempre? Porque el juego cuando evoluciona se convierte en cosa seria. Pero yo quisiera aspirar a la comunión de las personas. A la conexión gratificante de dos que se miran, se ven y se reconocen. Y a partir de ahí crean. Si la mirada es observada por más personas puede que se convierta en arte. O tal vez no. No necesariamente porque la vida también tiene estas cosas.
Y no sólo eso, aspirar a la belleza de aquello que es honesto. Un poquito de verdad aunque sea ficticia. A veces me he alejado mucho de lo que soy para volver al mismo punto de partida. Y es que cuanto más te alejas puede que más te acerques.
El cielo se ha puesto gris. Oigo el ruido de los coches al pasar por la calle. La ciudad está viva en su otoño. Es posible que mis ganas de esconderme sean proporcionales a mis ganas de mostrarme. Las risas de anoche se comían a bocanadas el aire de la vida. A lo que de verdad aspiro es a ser feliz. ¿Cómo serlo? Siéndolo, bien fácil. Cuesta vivir en el presente, pero he ahí la clave para la felicidad. El futuro, si existe, se llama sorpresa. Navego a medio camino entre la orilla y el río, entre mojarme o mantenerme extendida al sol. Nunca sé en qué momento cruzarlo. ¿Será época de nadar? No hace falta perfeccionar el estilo, también vale barca como medio de transporte.
Hay una mezcla de sonrisa y de tristeza que puede enamorar. Al final siempre se está oscilando entre una cosa y la otra. Hay días para todo. En un día cabe un mundo.
Cada instante contiene verdad, esa es la intensidad que empuja a seguir.
Ya veremos. Will see.

domingo 15 de noviembre de 2009

Niña con vestidito nuevo


Todos los nudos del estómago son el mismo nudo. Después de más de dos meses escribiendo sobre fantasías propias una se aproxima al vértigo que supone contrastarlo con el público. Y juegan a favor los muchos amigos y amigas que siempre te apoyan, pero no dejas de tener un cosquilleo por todo el cuerpo. Además, los amigos y amigas no suelen saber mentir.
Hay ecuaciones matemáticas que el texto sostiene. Y sí, se sabe la solución de antemano, pero el público, ese ente híbrido que se sienta a escuchar y ver lo que se ha montado sobre el escenario es un misterio. Sí, esto que digo es un tópico, pero no por tópico menos cierto. Piensas que sabes dónde reirán o dónde llorarán o dónde suspirarán y siempre se saltan el guión.
Luego está si lo peculiar, lo propio, lo personal llega a ascender a universal. Cualquier dramaturgo que se precie aspira a ello. De la aldea local a la galaxia total. Aunque lo cierto es que con aspirar a que la gente no se aburra ahora mismo es suficiente. ¿Dónde hay que firmar?
También es importante pensar en más allá de un estreno, aunque no ahora, ahora hay que estar concentrada. Porque parir deja la depresión postparto, después del subidón que puede suponer presentar a público lo que se ha estado guardando en celoso secreto durante más de dos meses deja en los días posteriores un poso de ausencia irremediable. Mierda, no puedo evitar pensar en lo que haré después.
Todos los nudos del estómago son el mismo nudo. El de ahora más que nudo es ovillo. Si tiro del hilo tengo que estar dispuesta a aguantar en mi mano el cabo hasta que se deshaga del todo. Paciencia y tranquilidad. Son imprescindibles.
Lo confieso, estoy como una niña con su vestidito nuevo. No sé si tengo más ilusión o me gana el miedo a mancharlo en un charco. Voy a respirar profundo, cerrar los ojos y confiar en lo ya trabajado.

lunes 9 de noviembre de 2009

Hacer reír


Hacer reír. Escribir comedia. Dar réplicas no sólo ingeniosas sino que sustraigan esa cosa tan importante que es la risa. Si no tenemos risa, estamos muertos, todo cae, los párpados, las pestañas, las bolsas de los ojos se acentúan, aquella comisura comienza a marcarse peligrosamente, las patas de gallo no hallan respiro, los michelines insisten en crecer y crecer, los pies se ponen planos… Todo se descuarinja. Hay que reír más. Pero qué triste es escribir una comedia y que nadie se ría. Incluso que algún atrevido se distraiga con suspiros mientras mira de soslayo el reloj porque el tiempo no pasa, el argumento no convence y los gags se precipitan al olvido más horrible.
A mí me han llamado loca con cariño, mira que eres tonta con ternura, qué payasa eres con no menos dulzura, porque en la vida real doy buenas réplicas y digo cosas tan tontas que de megatontas la gente se ríe. Pero metapasar eso a la ficción no siempre es cosa fácil. Hay gente que tiene gracia en la vida real y que luego delante de un micro o una cámara cae en picado cual cuello de avestruz buscando un agujero.
Entro en la recta final y todas las dudas se agolpan en mis sienes. Creo que he escrito algo gracioso, pero a veces me sobreviene una hiper-realidad que hace que me pregunte: ¿realmente esto que voy a decir tiene gracia? ¿O sólo me río yo? De todos modos, me convenzo de que si al menos me río yo, de que si al menos nosotras nos lo pasamos bien, el público tendrá una media sonrisa en la cara aunque no ría a carcajadas, que es lo que me gustaría y lo más difícil, claro.
Así que seguimos para dentadura blanca con labios abiertos. Porque no hay cosa más hermosa que la risa de una persona contenta.
Ahí vamos.

martes 3 de noviembre de 2009

Mavis Gallant, escritora


‘El miedo de haber heredado un legado defectuoso, una vocación sin talento que la sostuviera, me persiguió desde muy joven’ dice Mavis Gallant en el prólogo de ‘Los cuentos’, editorial Lumen. Es un miedo que comparto. No sé si por herencia o precaución, verdad o humildad.
¿Qué nos impulsa a metabolizar en literatura la vida pudiendo vivirla tal cual como espectadora? ¿Intervenir la realidad desde el margen de la carretera para hacerla arcén paralelo es algo sano? Porque la escritura llega un punto en que se convierte en una especie de obsesión en sordina. Una escribe mientras pasea, mientras lava los platos, mientras se deja embobar por una sonrisa única. Una escribe en los sitios más impensables, con o sin papel.
Mavis Gallant era una de las afortunadas -según explica ella misma, no sin ironía- que trabajaba en un periódico de Montreal ‘quitándole el puesto a un hombre’ y cobrando la mitad. Pero eso sí, eludiendo los eternos temas blandengues que el director destinaba a las damas, siempre inferiores para tratar aquello que de verdad importa. Y un día decide arriesgar y dejarlo todo para viajar a París y convertirse en la escritora que es.
El libro ‘Los cuentos’ es uno de esos tochos maravillosos que reúnen una vida dedicada a la literatura. La Sra Gallant, que ha contado como opción en las quinielas de los Premios Nobel según se cita en el texto de la tapa, recomienda que los relatos se lean salteados porque no son capítulos de una novela. Siguiendo su consejo he elegido uno al azar titulado ‘Cuando éramos casi jóvenes’ donde casualmente habla del Madrid de la posguerra y de la falta de esperanza de una generación que sueña con comida, que siempre habla de dinero y que espera cosas que nunca llegan. La diferencia entre la protagonista y Pilar, Carlos y Pablo es que un día le llega mucho dinero y los demás saben que tiene un futuro que la espera, no como ellos, atrapados en una sociedad donde los jóvenes son una especie de ultracuerpos sin esperanza.
Seguiremos leyendo.

viernes 30 de octubre de 2009

Welcome to Novembre Vaca


Escribir teatro, con los años, se ha convertido en una carrera sin meta. Igual que escribir pensapoamientos. Poder ver cómo los personajes se hacen carne y hueso en un escenario, ya sea a través de un montaje o a través de una lectura dramatizada, me produce un placer inenarrable. Como dotar de sentido real todo lo imaginado. Lo solitario compartido. Aunque no siempre las interpretaciones que se hacen de lo que una escribe se adecuan a lo que una imagina, pero aún así, hay generosidad en el acto de dedicar muchas horas a buscar la lógica de la historia, la carne de los personajes, sobretodo cuando se hace desde la justeza de medios que no de ideas.
Ahora comienza, un año más, el Novembre Vaca (www.projectevaca.com) y las compañeras mugen y rumian sus proyectos. Nos abrimos al público desde las limitaciones del presupuesto y la generosidad de nuestra creatividad. Algunas compañeras han tenido a veces la sensación de amateurismo, pero yo siempre he pensado que la enfermedad se cura con descanso, tiempo largo de dedicación y mejores presupuestos. El talento no siempre es suficiente para comprar el beneplácito del público, a veces ni siquiera de una misma.
Los espacios que este año nos acogen son: Espai Bonnemaison, Llibreria Pròleg, Obrador de la Sala Beckett, SGAE y Fabra i Coats. Hay muchas propuestas donde escoger. Destacaré algunas al azar. ‘Memòries’ que es una creación colectiva de Projecte Vaca bajo la supervisión de Cristina Castrillo, una artista argentina afincada en Suiza de reconocido prestigio internacional (ha actuado hasta en el Irán de los Ayatolás), los domingos 8 y 15 de noviembre en el Obrador de la Sala Beckett (Alegre de Dalt, 55, 2n pis). Las dos lecturas dramatizadas que se realizan en el SGAE (Pss Colom, 6): ‘Contaminació’ de Josefa Contijoch dirigida por Imma Colomer (9 de noviembre a las 19:00h) y ‘¿Te enrollarías con Woody Allen?’ de Laura Freijo (16 noviembre a las 19:00h), entrada gratuita. Y como últimas propuestas una de danza y otra multidisciplinar. ‘DelirARTE’ de Chechu García con dramaturgia y dirección de Eva Hibernia (6 de noviembre) y ‘L’amor no fa mal’ de Susana Barranco (27 y 28 noviembre), ambas en ‘La Cuina’ de la Bonnemaison (Sant Pere més baix, 7).
Como ser escritor, crear, va más allá de los resultados, lo importante es el viaje. Las vacas siempre han hablado de investigación como motor, yo como vaca siempre he reivindicado la diversión. Investigar divirtiéndose, si eso se consigue ya es una gran cosa.
Desde aquí os invitamos a que os paseis a ver algunas de nuestras propuestas y nos ofrezcáis vuestra opinión.
Welcome to ‘Noviembre Vaca’.