THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

jueves, 26 de marzo de 2015

I have a dream




Desde hace algún tiempo tengo un sueño. Un sueño pequeño. Consciente y reiterativo: apilar tres, cuatro, cinco columnas de libros interesantes en una habitación amplia y con luz y retirarme una temporada a leer. A leer impertérrita durante un mes entero. Quizás dos. Tal vez tres. Quien sabe si cuatro. Al lado de alguna de esas pilas también hay un fajo de folios y una libreta de tapas duras negras con páginas en blanco donde a ratos, inspirada por mis lecturas, escribo lo que me da la gana. No siempre escribo lo que me da la gana. Normalmente escribo lo que puedo. Lo que me mandan los invisibles y a veces lo único necesario para sobrevivir. Y en algunas contadas ocasiones escribo lo que quiero, sin cortapisas, ni razón, ni autocensura. Pero eso ocurre escasas veces, tan pocas que casi siempre me siento sujeta por el hilo de lo otro. La alteridad que dirían algunos, algunas.

En ese sueño de lecturas a pie de cama, ya no vivo mi vida, es cierto. Vivo las vidas de otros y de otras que de algún modo poseyeron el presente literario de otros y otras que, como yo, no se sentían libres para escribir lo que les apetecía, sino lo que les mandaban del otro lado. De sobras es conocido por qué dejó de escribir Juan Rulfo.

En esa habitación que da a una carretera secundaria comarcal, por las mañanas entra el canto esporádico de un gallo afónico que hace tarde para despertar al pueblo. Las ventanas no son muy grandes. Ventanucos. Cuando abro las contraventanas de madera, aparte de entrar la claridad del sol, veo un montón de lápidas. Enfrente hay un cementerio que rodea a la iglesia. También hay un árbol. No es un ciprés, es un olivo. Apenas pasan coches y yo, la verdad, salgo poco. Solo para coger el coche y desplazarme al primer supermercado en doce kilómetros a la redonda para abastecer mi nevera, las alacenas incrustadas en la piedra y el arca de la bodega donde sigue sin hacer falta el frigorífico porque su temperatura, refrescada por las paredes de piedra desnuda, ofrece menos de diez grados.

Cuando le cuento este sueño a mi chica, me dice:

- Es un buen sueño. ¿Puedo venir contigo?

Durante unos instantes muy breves que a sus pestañas parecen resultarle eternos porque no dejan de parpadear, valoro la posibilidad de compartir el sueño con mi chica. Si le digo que no, se enfadará conmigo. Ya se sabe que las novias lo quieren compartir todo, incluso el imposible. Si le digo que sí, me veré obligada a abrirle la puerta de lo inconfesable y sobre todo a darle una copia de las llaves de la casa, pues no quiero que dependa todo el rato de mí, que estaré leyendo y escribiendo y viviendo otras vidas, otros mundos de cuerpo presente. Si no le contesto y me hago la nórdica, será lo peor. ¿Ves como no me escuchas? Así que digo simple y directa:

- Sí.

Y ella:

- Gracias, cariño.

Luego sigo perfeccionando mi sueño con la lista de libros que conforman las columnas del suelo. Y con el cargamento de tinta y de plumas diversas que me voy a llevar. La roja y la granate. Las de plástico. La que no escribe para los días en que no me apetezca escribir y me conforme con solo mirarla. La paper mate que se encalla y me saca de quicio para cuando no me salga una historia. La verde de niña pequeña con los dinosaurios. La de la Prada que escribe la bomba, casi va ella por su cuenta. Voy a ser tan feliz.

Pero lo que más me gusta imaginar es que estoy estirada en el sofá de la habitación, es media tarde y acabo de leer el último párrafo de una novela inolvidable. El tiempo se detiene. ¡Qué digo! El tiempo no se detiene. ¡El tiempo hace rato que ha dejado de existir!

Con los años, una aprende a soñar ensoñaciones posibles.
Eso debe ser hacerse mayor.

Quién sabe.


(*) Fotografía y composición de Elvira Brunat, escenógrafa.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Sus mascotas y tú



Mi vida como lesbiana activa dio un giro de ciento ochenta grados cuando empecé a tener novias con mascota. Es algo en lo que no te fijas hasta que tienes que sacarlas a pasear, darles de comer, cambiar todos tus planes porque hay que ir de urgencias al veterinario y, sobre todo, ese día en que empiezas a sospechar que la mascota eres tú y su novia, la perra o la gata de turno.

En la vida hay una regla universal no fijada en ningún ideario oficial que es llegar la primera. Quien llega primero a la vida de alguien tiene prioridad. Y las mascotas siempre llegan antes que yo. No sé cómo lo hacen, pero ahí están.

Siempre me ha parecido que quien maltrata a un animal es un ser deleznable cuya empatía con el género humano es nula. Pero de ahí a todo lo contrario, hay un abismo. A ellas les molesta que comas mucho y disfrutes.

- Cariño, ¿no crees que es suficiente? ¿Vas a abrir también el taco de manchego?

Sin embargo, aúllan de alegría cuando miran encandiladas cómo su mascota se zampa dos latas gourmet.

Te dije que le encantaría, ¿lo ves? Apunta la marca.


Podéis encontrar el resto de la columna 
'A un Océano de Manhattan' 
en la revista MagLes.

(Continuará)

lunes, 23 de febrero de 2015

Eso es muy duro, una tarde en el metro



Cierto es que la ficción precisa de sentido y la vida, por mucho que siempre hagamos servir la frase, 'será por algo', no necesariamente tiene sentido, solo múltiples lecturas. 

Quizás la vida no sea un círculo, cuyo principio y final no se sabe exactamente donde situar, pero sabemos que se hallan en algún punto del círculo. Quizás sea más bien una línea recta, con sus curvas implícitas y sus cruces continuos, de itinerario incierto. Una línea que no se acaba nunca ni tiene un sentido determinado más allá de la propia vida en sí y lo que en cada momento se hace, que normalmente es lo que queda para la historia si es desde el centro de poder, para la memoria, si son actos de la intrahistoria.

Sin embargo, en esta sociedad en la que vivimos, donde casi nada nos conmueve o nos sorprende, voy en el metro y aparece un chico joven, con un perrito de apenas unos meses. Su acento es francés y la voz le tiembla como cuerdas de arpa que recuerdan que es una persona quien habla, quien siente, quien reclama su dignidad. Sus dientes tienen un principio de podredumbre marrón y su piel enrojecida parece víctima del tiempo a la intemperie. Cuando lo miro, hace ya unos segundos que habla.

- ... duermo en la calle y hace mucho frío... y hay ratas... Llevo 6 meses esperando una plaza en una casa... Me siento abandonado... Soy huérfano desde los siete años. Eso es muy duro... Muy duro... Le tengo que comprar comida a mi perrita que es muy joven y eso cuesta dinero. Lo siento, lo siento mucho. Pero me siento abandonado... Lo siento, lo siento...

Habla a borbotones, sin ritmo, y sus respiraciones son quebradizas, casi parecen reclamos existenciales de enfado y tristeza: ¡estoy aquí! Se detiene por el ruido del vagón, vuelve a su discurso cuando logra recuperar el equilibrio, pero al escuchar el verdadero aullido de su discurso, me siento abandonado, me emociono, se me llenan los ojos de lágrimas, y aunque estoy en las últimas, me digo a mí misma que para mí cincuenta céntimos no es nada y sin embargo puede ser parte de una latita para ese perrito que le da la compañía que su destino no le ha sabido conceder. Sí, he visto a algunos mendigos labrarse un lamento verosímil que minutos más tarde han deshecho con una llamada telefónica a alguien a quien conocen. Pero, esa no es la cuestión. Eso solo responde a las justificaciones absurdas de nuestra miseria.

El chico mira las monedas caer en el vaso de plástico y me da las gracias. Sigue adelante del vagón y otra chica le da algo. Siempre pasa, cuando alguien mira y da, contagia a otros que también escuchaban y no daban.

La discusión con mi madre y otras personas de su época siempre pasa por el qué harán con el dinero, pero yo siempre pienso qué harán con tanta soledad. Me da igual si compran vino para calentarse el alma y quizás no es esa la medicina para su corazón. Solo sé que lo único que tengo es mi respeto por la dignidad humana, sea la persona que tengo enfrente pobre o rica.

Cualquier cambio de conciencia empieza por los pequeños gestos. Por una mirada que escucha al otr@ y lo reconoce. Si quieres, ponemos sinónimos. Solidaridad por piedad. Compasión por misericordia. Pero no cambiemos empatía por indiferencia.

Aunque ya sabéis, lo que digo siempre, haceos caso a vosotr@s mism@s, a vuestra experiencia, descubrid a través de vuestro corazón o a través de la experiencia y conocimiento de quienes consideréis con autoridad moral digna de vuestra confianza.

Buen lunes, feliz semana.



martes, 10 de febrero de 2015

La patria en el diván





Últimamente he estado algo preocupada. Mis últimas siete novias son independentistas.

- Laura, te falta estabilidad, siete novias en tres años denota inmadurez por tu parte – me dice mi mejor amigo.

- Berto, no es eso, ¡todas son independentistas!

Líbreme el Altísimo de tener prejuicios en contra de cualquier idea política legítima. Pero claro, con lo que me costó en su momento aceptar que me gustaban las mujeres y luego que estoy siempre de lo más lesbiana, ¿y si ahora ya para los restos de los restos solo me gustan las mujeres independentistas de Catalunya? Que se entiende, eh, son todas tan guapas... Pero, ¿qué palabra encuentro para definirme? ¿Ya no me voy a sentir nunca atraída por ninguna española o ninguna italiana o ninguna austríaca o ninguna oriental o ninguna extranjera de sí misma?
La última novia que tuve la conocí un día que mi anterior novia me llevó a un cónclave de la Assemblea Nacional para demostrarme que allí nadie se come a las catalanas que son gallegas, les mola ser españolas y aspiran al pasaporte mexicano. ¿Quiere eso decir que le puse los cuernos? No, solo cambié de territorio anímico corporal.
Mi última novia apartó delicadamente a la penúltima con una expresión que me dejó tocada, teniendo en cuenta el escenario. She said, excuse me. Y es que bajo la educación elegante, a veces se esconden determinaciones imposibles de eludir. Y eso lo saben bien los chicos: cuando una mujer quiere algo, no hay formas que la frenen.- 

Ens coneixem? - va dir l'última, que quiere decir, dijo la última.

El subtexto de la pregunta era una afirmación. Como si me conociera. El resto de la historia, mejor no lo explico. Hay cosas que una dama, o sea, una servidora, debe guardarse para su diario íntimo y para las top ten de sus ciento cincuenta mejores amigas, si así se lo pide el corazón después de una buena sesión de diván insuficiente.
Ahora he dejado de preocuparme por quién me gusta o me deja de gustar, son cosas que pertenecen al rango de las inclinaciones naturales del ser, pero quisiera recordar unos versos que escribí hace algunos años: La meva pàtria / és el cos d'una dona / casa meva / el seu ventre / i la seva ànima / la meva. Mi patria / el cuerpo de una mujer / mi casa / su vientre / y su alma / la mía. My land / is a body from woman / my home / her belly / and her soul / I belong it.


Columna publicada en la revista MagLes por Laura Freijo en diciembre de 2014
A UN OCÉANO DE MANHATTAN




martes, 27 de enero de 2015

Adiós 2014. ¡Bienvenido 2015!


Como titiritera, creadora escénica y escritora, me adentro con ilusión en el camino abierto que propone este nuevo año. De nuevo el teatro, la poesía y la interpretación escénica volverán a vertebrar la mayor parte de las actividades artísticas y creativas en las que tengo el deseo de participar.

2014 ha sido un año muy intenso a todos los niveles. De gran aprendizaje artístico a la vez que humano. Refugio en las Rocosas (http://refugioenlasrocosas.blogspot.com.es/) una comedia dramática que soñaba con llevarla a los escenarios desde que la escribí, se estrenó el 13 de febrero y se representó hasta el 31 de marzo en el VERSUS TEATRE; mi solo Soy lo que estás buscando (http://vimeo.com/68412604participó en la programación oficial del Festival Internacional ZINEGOAK mientras realizaba temporada en CINCÓMONOS Espai d'Art y posteriormente inauguraba el Ciclo Denominación de Origen en el Teatre GAUDÍ donde vivió una segunda y exitosa temporada en Barcelona de marzo a abril; mi pieza Los unoslos otros y los aquellos es una de las 12 que integran Rojo o Negro, una apuesta escénica de riesgo, divertida y de gran tirón popular que continua su andadura este 2015; un año más he participado activamente en el V Cicle de lectures dramatitzades d'autoria femenina PRIMAVERA VACA coordinando y moderando la mesa de reflexión 'Cal apostar per una autoria de gènere al s.XXI?' (http://www.thelesbiansisters.blogspot.com.es/2014/05/la-mesa-redonda-hay-que-apostar-por-una.html) integrada per les autores Beth Escudé i Gallés, Rosa Victòria Gras i Fontan i Cristina Clemente y proponiendo el taller de MUJER-MITO a la Fundación SGAE; también he podido disfrutar del nacimiento y madurez de autoras estupendas gracias a las dos ediciones del taller de escritura dramática FICCIONANDO, de la experiencia a la ficción y, en la recta final del año, celebrar con el resto de compañeras creadoras de PROJECTE VACA los 15 años de la Mostra NOVEMBRE VACA formando parte por segundo año consecutivo del equipo de coordinadoras del laboratorio de experimentación teatral TRANSformer 2014. Ocupar el món (projectevaca.com) realizado durante todo el mes de octubre y presentado en noviembre en la Fàbrica de Creació FABRA I COATS así como colaborar en los textos que forman parte del solo No es país para negras.
Como escritora y periodista estoy satisfecha de haber visto publicado mi poemario Algún lugar en el mundo con ilustraciones de Rafael Arjona (rafaelarjona.Rafael Arjona) en su versión electrónica que este año estará tanto disponible en papel como en venta online, haber participado en la antología 44 mundos a deshoras con mi cuento La mujer del cigarrillo, haber consolidado mi columna mensual A un Océano de Manhattan en la revista MAGLes (http://www.maglesrevista.es/) y haber empezado a colaborar con la revista ENTREACTE entrevistando a la maravillosa actriz Carme Eliasganadora de un Goya por la impactante Camino (http://entreacte.cat/personatges/entrevista/item/1072-carme-elias-instint-i-experiencia-un-toc-de-saviesa) para el número de otoño.
Este año 2015 los ejes principales que intentaré trabajar son una continuación de todo lo sembrado en los últimos años. Talleres de escritura dramática y laboratorios de experimentación teatral; gira por Catalunya - España y fronteras exteriores de Soy lo que estás buscando para poder celebrar las 100 funciones (ahora 85); la publicación de nuevos libros, tanto poemarios como recopilación de cuentos y el manual FICCIONANDO. De la experiencia a la ficción, breve y sencilla teoría para escribir una obra de teatro a partir de una experiencia propia, y si los astros me son propicios, volver a los escenarios con una obra de compañía. Por otra parte, abro las puertas también al coaching personalizado de escritura para proyectos personales con ritmo propio para acompañar el proceso creativo de manera individual adaptándome al máximo tanto al latir del creador/a como a las necesidades del proyecto en sí.
Las novedades dentro de los talleres son VERSIONANDO, donde los/las autores/as podrán lanzarse a la aventura de versionar un cuento o un poema en formato de obra teatral; SOLOS EN ESCENA o el arte de chupar foco, un laboratorio de creación e interpretación de un solo basado en su experiencia personal tuneada de tal manera que podamos asistir al nacimiento de un personaje y/o alterego con el que conectar con el público y, finalmente, si se dan las condiciones propicias, el ambicioso laboratorio A PLAY IN A FIFTEEN DAYS, un taller de creación colectiva intensivo de una obra al uso en 15 sesiones de 5 horas cada una.
En breve tendréis noticias del primer proyecto artístico: mi nuevo video-clip musical.
La intención continua siendo la misma: crecer, seguir aprendiendo a convivir en grupo con la intención de ser mejor persona, a la vez que encontrar nuevos caminos, originales y divertidos, para incidir en el hecho artístico como herramienta de comunicación humana.
Con mis mejores deseos, espero que nos encontremos en el camino. Pero si no es así, que tengáis un buen viaje y, quizás 2016, nos abrirá otra oportunidad para trabajar o compartir alguna experiencia junt@s.

Laura Freijo Justo / Paula Mocinho Novoa / Gertrudis Losada
Anima TOSCA

(*) Foto de Óscar Chocano en el Teatre Gaudí

lunes, 5 de enero de 2015

Algo se mueve



Algo se mueve y hay pruebas de ello. Y no quisiera ponerme ahora hiperealista, después de varios meses sin hacer parada y fonda en este espacio sisteriano donde albergo cuentos, posts, actualidades pasadas, tanto personales como sociales, tanto profesionales como espirituales.
Algo se mueve dentro y fuera. No acompasadamente. Quizás solo sondas sincronizadas coincidentes en un espacio de tiempo que no existe, pues ya se sabe que aunque el tiempo sea el verdadero meollo de todo, solo es una invención para consolar la soledad del ser humano y para hacer más llevadero el grito existencial que albergamos en la noches de invierno. Noches de invierno que pueden sucederse en pleno mayo.
Nunca fuimos tan eternos porque nunca fuimos tan efímeros. Una exhalación del cielo, como una estrella dibujando una espiral en el lienzo del crepúsculo. Recorremos tantos umbrales para olvidar que a veces se abre la puerta que hay que dejar entornada para otr@s que vendrán después y somos incapaces de reconocer la miga de pan de nuestr@ predecesor@.
Desde esta claridad de una mañana cualquiera, despertando al día en que los reyes magos caminan hacia Oriente, cuando parece que el alma se serena y el viento ocupa el lugar limpiador del agua, diría yo que hay un lugar en el que yacer, un lugar en el que respirar y una tierra que habitar. Pero quizás no sea tiempo de precipitarse, quizás sea tiempo de auscultar la primavera que encierra todo nuevo día, toda nueva etapa. Las glorias, famas y trompetas del futuro no tienen ningún sentido después de haber intentado vivir un poco. Aunque la vida no siempre suceda, claro.
Abrir el corazón, dejarse llevar, escuchar la música del camino.
Algo se mueve y hay pruebas de ello. Tantas que cada un@ escoge. Solo hay que mirar viendo.
Al fondo, el Mediterráneo con ecos de magia y de tragedia.
La civilización contemporánea navega.
El mensajero carece de ostentación, simplemente es un instrumento.
El mensaje es simple, aunque indescifrable por el momento.
Solo una gruta, una antorcha, calor humano, compañía, consuelo, sentido de la hermandad.
El resto es caminar hacia ese nuevo amanecer que se produce cada día en un horizonte cada vez más cercano. Una metamorfosis que está pidiendo nuestro espíritu colectivo y del que tod@s hablan como si realmente fuera a suceder de un momento a otro. ¿Será porque ya oímos sus pasos? ¿Estaremos preparados? ¿Será un progreso, una mutilación, un salto, un nuevo comienzo? ¿Ese cambio de conciencia colectivo que tanto necesitamos? ¿Podremos vivir en universos paralelos? ¿Haremos real en nuestros cuerpos la física cuántica de los científicos visionarios? ¿Aprenderemos a orar como los poetas ciegos de esperanza? ¿Pariremos al fin sin dolor mundo? ¿Sabremos descansar en paz?
Pero no me hagáis mucho caso, haceos caso a vosotr@s mism@s o a quien consideréis con autoridad moral digna de vuestra confianza.

Yes, something is moving, I can feel it.


(*) Fotografia de Gertrudis Losada
Serie Las plumas que da la acera.

sábado, 23 de agosto de 2014

Balance estival con momentos y momentos y momentos que se perderán para siempre


Hay dos épocas del año para hacer balance. Una es cuando abandonamos diciembre y miramos atrás para despedirnos de lo vivido y abrimos la puerta de lo nuevo el primero de enero. La otra, cuando las vacaciones de verano se acaban y oteamos los primeros días de septiembre convocando a la magia del otoño y toda la fuerza de su creatividad. Como cuando íbamos a la escuela, al Instituto y luego ya a la Universidad, todo tiene otra oportunidad en los albores de septiembre. Esos días de regreso a los espacios comunes, a las caras de la cotidianidad anhelada, al curso donde suceden los grandes y pequeños acontecimientos de la vida, esos instantes de esperanza que he escuchado trotar tantas veces en mis adentros. Si me concentro, puedo sentir chispas de euforia nacidas en los primeros días del septiembre mediterráneo. Son destellos de aplauso de lo que todavía no ha ocurrido y luego nunca alcanza las expectativas. O sí, pero de otro modo. Siempre de otro modo.


Ahora miro atrás y el tiempo y mis apreciaciones están comprimidos en mis libretas. Descubro infinidad de notas que han querido convertirse en artículos breves, en reflexiones largas, en visiones con ganas de emerger, en recomendaciones que solo ahora puedo hacer aunque lleguen tarde. ¡Y qué si es absurdo recomendar una obra que ya no está en cartel! ¡Está en mi memoria! ¡Recomiendo encarecidamente Baby Bum de Accidents Polipoètics! Ese par de locos ultrapoéticos que siempre que los vuelvo a ver hasta mis tripas los aplauden. Tuve la suerte de que mi buena amiga Carme Tierz me invitara al estreno: ¡qué gozada! Les recordamos que si te haces a ti mismo, te sobrarán piezas. Así comienza este pequeño pero gigante espectáculo de estos dos atorrantes y lúcidos poetas. Las mujeres que se pintan las uñas están preparando su fuga. ¡Dios, qué grandes heteros! La quería con todas sus fuerzas pero detestaba hacer ejercicio. ¡Enorme! Dejamos de ser niños en el momento en que comprendemos por qué Sofía Loren se casó con Carlo Ponti. Solo el genio de tamañas imaginaciones puede pergeñar una afirmación de tal calibre. A poco más me atraganto con las carcajadas. Peluquería: ¿se hacen mechas las mujeres a punto de explotar? Esteticienne: ¿La permanente de la mujer hace trascendente al hombre? Vivió una vida llena de errores, acertó. Existencialismo: vivir la vida como si fuera una fiesta a la que no has sido invitado. Mercado negro: El otro Judas lo hubiera hecho por 29 monedas. Esperanza: al final de la luz siempre hay otro túnel. Final: Ante la confusión de quién es el enemigo exigimos el retorno inmediato de Fraga Iribarne. Señoras y señores, recuerden que lo malo de las palabras es que se ponen perdidas de letras. Accidents Polipoètics, tienen cuerda para rato, por parafrasear uno de sus polipoéticos escritos. Estés en la playa, en el monte, haciendo trekking en la copa de un pino africano o en la cima de unas estanterías de un supermercado finlandés, por favor, ve a verlos cuando representen cualquiera de sus múltiples y orgásmicos recitales polipoéticos, no solo no tienen desperdicio sino que no tienen complejos a la hora de ser elegantemente ostentosos en su simplicidad más genuina cargada de humor y fina ironía. Te haces más inteligente entre su público, te parece que te están diciendo, recordando, recitando algo que tú has pensado, imaginado, escrito, recitado, interpretado o lo que sea antes, solo que en el campo cuántico del conocimiento Xavier Theros y Rafael Metlikovez lo pillaron antes y te lo devuelven brillantemente afilado por sus urpas sin limar, porque ellos son de los que se quedan, de los que se quedan en tu memoria y en tu corazón. Estuvieron del 22 de mayo al 8 de junio en La Seca de Barcelona. ¡Qué vuelvan!


Otro gran momento escénico que he querido escribir y reconocer pero que no he podido hasta ahora mismo, sucedió en el Lliure de Gràcia. Mi buen amigo, Xavi Abad, me invitó a ver Dies feliços, de Beckett con dirección de Sergi Belbel e interpretación de Emma Vilarasau. Asistí a la consagración de una actriz ahora sí definitivamente intocable. Ya lo era, ¿no? Me replicó una buena amiga al relatarle la experiencia con el relato pormenorizado de la ovación final durante varios minutos y con el público de pie, incluido el Conseller de Cultura y otras figuras de la profesión. Rendición y pleitesía de una platea entregada a un abanico interpretativo francamente impresionante. Si tenía mis dudas con respecto al montaje -que no al texto, un gran clásico que se renueva tiempo a tiempo y nunca pierde su furor y actualidad- se disiparon en el transcurso de la obra. Me encantó esa propuesta pos Ikea-Custo New Fashion in New York Outside o cómo ofrecer un traje a medida de un clásico a una actriz de presente con nupcias de futuro inolvidable. De pronto, me vino aquella escena magistral de Agost, de Tracy Letts, también dirigida por Belbel en el Nacional, final del segundo acto, en la que el personaje de la misma Emma Vilarasau, con su aguda e inquebrantable voz grita Ara mano jo! (Ahora mando yo), en alusión a recoger el relevo de la mater familia interpretada por Anna Lizarán. Sobran las palabras. Aparte de que a ningún crítico se le hubiera pasado por la imaginación en los últimos años hacer una crítica desfavorable sobre cualquier personaje interpretado por Anna Lizarán (eso es ser intocable), ¿quién recoge el testigo? Sé que son dos perfiles de actriz muy diferentes. Pero ambas comparten el riesgo de querer hacer siempre cualquier papel: versatilidad. Una característica al alcance de muy pocas. Eso sí, nadie se pasará nunca como se pasaba Anna Lizarán. ¡Qué arte con la desmesura!


En los últimos días, la muerte de tres intérpretes notables nos ha tocado. La más cercana Mercè Anglés, cuya desaparición me consta que ha afectado a la escena catalana y que para mí va tan ligada a aquella salita entrañable del carrer Perill de Gràcia llamada Artenbrut. Después Robin Williams, actor de licuoso talento que realizó intepretaciones maravillosas en películas inolvidables como El club de los poetas muertos o El rey pescador, por citar mis dos preferidas. Y por último una muerte que ha despertado mi memoria personal: Lauren Bacall. No solo porque tenía el mismo nombre que yo sino porque una vez coincidimos en el mismo espacio y tiempo: en los lavabos de un edificio espectacular de Nueva York en cuya sexta planta se celebraba un homenaje a Arthur Miller. ¿Qué qué hacía yo allí? Habíamos viajado mi compañera Àngels Aymar y yo como resultado de un intercambio de autoras. Magnòlia, de Aymar y La vida somiada, de una servidora, fueron interpretadas como reading en una sala llamada The Players el 19 de mayo de 2001, justo antes de la caída de las torres. Debía ser el 17 o el 18 de mayo. Àngels, que era mi traductora oficial, pues por aquel entonces mi inglés aún era mucho más defectuoso, me dijo, nos han invitado al 'lunch' commemorativo de los 50 años de la sala que este año se hace entorno a la figura de Arthur Miller, ponte otra cosa que no sea tejanos. A lo que repliqué. ¿Pueden ser unos tejanos negros? No parecen tejanos... Es que no he traído nada más. Como no hablaba inglés, solo catalán con Àngels y castellano con Marion Peter Holt, el traductor oficial de Àngels así como de otros renombrados dramaturgos como Belbel o Batlle, lo que hacía era comer a todas horas. Para mantener la boca ocupada. Y cuando no tenía la boca ocupada, visitaba los lavabos de todos los edificios en los que entraba. Entré en aquel lavabo y a la primera que vi fue a la actriz que interpretaba a Blanche en Las chicas de oro, no recuerdo su nombre, y después, con su porte mayestático, como salida de un fotograma en blanco y negro pero sin humo, Lauren Bacall abrió la puerta y se lavó las manos. La miré poco. Me hubiera quedado embobada. ¡Guau! Estaba al lado de una estrella del Hollywood dorado, yo, una pobre mindundi que había escrito una obra que habla de las personas que se deciden a llevar la vida que quieren y las que no son capaces de apostar por eso y siguen dormidas. Quizás debí mirarla un rato más largo, a riesgo de parecer una paleta. Seguro que me hubiera despertado entonces y no hubiera hecho falta llegar al dos mil doce. Dios, los maya, los inca, los toltecas, los celtas, el continente americano y el espíritu del Gran Manitú la tengan entretenida jugando una gran timba de póquer y silbando despreocupada, pues allí no importa si vienes o no, el tiempo, el espacio y el alma son otra cosa.


Entretanto, septiembre espera con su sombra alargada penetrando en el Mediterráneo. Vengo. 

(*) Fotografía Barcelona Blue de Gertrudis Losada